miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Qué nos hace humanos?


Con certeza los filósofos durante tantos años han discutido sobre los elementos que nos puedan catalogar como humanos, debe existir una cualidad o muchas en común entre todos los individuos de la denominada raza humana. Independientemente del género, de las creencias, de la religión, del idioma e incluso de las costumbres, de cierta manera debe estar planteado un elemento inamovible que desglose a través del pensamiento y de los sentidos la respuesta a esta pregunta tan compleja.

John Stuart Mill sugiere que lo material determina qué tanto necesita una persona para ser feliz, es decir, que siempre aparecerán nuevos impulsos y objetos que pongan una cerca a la verdadera satisfacción, alejándose así cada vez más de ella a medida que se van reuniendo estos elementos que actúan como un arma de doble filo. Mil cuestiona el hecho de que si una persona puede ser libre y feliz mientras está atado a esos limitantes, y lo expresa de la siguiente manera:
 Se interesan en masa, ejercitan su elección solo entre las cosas que se hacen corrientemente; la singularidad de gusto o la excentricidad de conducta evitan como crímenes; a fuerza de no seguir su natural, llegan a no tener natural que seguir; sus capacidades humanas están resecas y consumidas; se hacen incapaces de todo deseo fuerte o placer natural (…). Ahora bien, ¿es esta la condición deseable de la naturaleza humana? (Stuart, 1997)
   
Creo que Stuart Mill tiene razón al decir que la libertad es básica para alcanzar un pensamiento propio e individual, pues ese elemento fundamental nos diferencia de otras especies, además de la capacidad de darnos cuenta si la poseemos o no. De la misma manera que Bauman (que hablaba de los individuos y la comunidad) se refiere a la libertad, argumentando que ¨ la seguridad sacrificada en aras de la libertad tiende a ser la seguridad de otra gente; y la libertad sacrificada en aras de la seguridad tiende a ser también la libertad de otra gente  (Bauman, 2008)¨.
Por otra parte, Sigmund Freud analizó un factor que marca enormemente a las personas dentro del marco social: la cultura. Este componente que influye en todos los lugares del mundo y que orienta a las personas a seguir los parámetros definidos por la tradición, que a su vez dictamina lo que está bien y lo que está mal. En ese sentido Freud argumentaba que la cultura nos quita nuestra identidad individual, para colocarnos en un plano comunal dentro de una posición complicada de evadir. La cultura llena de temores y sentimientos de culpa a las personas, logrando asi una supremacía ante el super-yo  (Freud, 2003). Aunque sea un factor antagónico desde el punto de vista de Freud dentro de la sociedad en general, la cultura también nos hace humanos.
Indirectamente relacionado con ese tipo de pensamiento, Simon Blackburn cuestionaba el pensamiento como un elemento caracteriztico del ser humano, pero que tambien nos asemeja a los animales mediante la respuesta natural ante cualquier estímulo. En el texto ¨Pensar. Una incitación a la filosofía¨ está claramente estipulado cuando se plantea que:
Tal vez el hecho de que seamos capaces de pensar en estados de cosas ausentes, no sea más extraño que el hecho de que seamos capaces de percibir algo acerca del mundo y, sin embargo, es una hazaña que nos distingue de los demás animales. Es presumible que los animales perciben el mundo, pero nos resulta incómodo pensar que pueden representarse estados de cosas distantes, pasados y futuros; y, sin embargo, nosotros somos ciertamante capaces de hacerlo.  (Blackburn, 2001)
Claramente hay rasgos que nos llevan a un nivel ¨superior¨ que el resto de especies, y es esa virtud de enfocar el pensamiento hacia otros niveles. Más allá de dejarnos llevar por instintos, los cuales nos complementan, mas no nos hacen humanos y mucho menos únicos dentro del mundo. Pero este hecho nos ha permitido evolucionar y guiar al desarrollo del pensamiento y a la estructuración de la razón a convertirnos netamente en humanos, distinguiéndonos de cualquier animal que actúa por simple reflejo e instinto básico.
Por otro lado, Aristóteles indujo el concepto de felicidad como un objetivo común entre todos los seres humanos, que de una u otra manera anhelamos conseguirla para sentirnos llenos e incluso utilizamos otros deseos para justificarla.
Sencillamente, llamamos perfecto lo que siempre se elige por si mismo y nunca por otra cosa. Tal parece ser, sobre todo, la felicidad, pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia y toda virtud, los deseamos en verdad, por sí mismos, pero también los deseamos a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos felices.  (Aristóteles, 1998)
Considero que la felicidad es meramente subjetiva, el simple hecho de que signifique distinto para cada persona de plano deja un vacio conceptual. Aunque la idea que planteó Aristoteles enmarca plenamente este deseo humano, no cumple con algún patrón fijo, por lo que dificilmente se puede asegurar que la felicidad nos hace humanos.
En conclusión, para mi los elementos que nos hacen humanos son: la razón, la cultura, la libertad y la conciencia; estos componentes aportan con cualidades únicas dentro de la naturaleza del ser humano, lo que va demarcando nuestro desenvolvimiento tanto individual como en comunidad. Por otro lado, la felicidad y el instinto forman parte de un complemento, pero especificamente no determinan ni delimitan al ser humano, debido a que otras especies pueden poseerlas, es decir que forman parte de un concepto más general.

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