La música tiene un gran número de intérpretes,
diversos géneros y maneras de ser difundida. Este último factor es muy
importante e incluso trascendental porque se liga directamente con muchos otros,
como al hecho de si una banda podría llegar a ser conocida o popular y así
pasar de ser una “banda de garaje” a un plano más profesional y así recibir
respeto y aceptación por parte del público y también de los medios.
Muchas
veces la falta de apoyo impide a un artista dar a conocer sus proyectos y
crecer en el ámbito musical, de esta manera se crea una dependencia en los
medios de difusión y prácticamente los músicos pasan a trabajar para ellos. A
raíz de estas trabas que solían presentarse, hace algunos años surge una idea
nueva de crear, exponer y plasmar ideas en la gente, pero esta vez sin depender
de nadie, solo de los músicos y de sus seguidores, de esta forma se comienza a
adoptar esta tendencia a inicios del 2000 en el Ecuador, la misma que
anteriormente había ganado espacio en otros países como Argentina y Colombia, e
incluso mucho tiempo antes, en Inglaterra y en algunas partes de Estados
Unidos.
La
música independiente engloba un término poco conocido por la mayoría, que en el
año 1997 empezó a tomar forma en nuestro país, de la mano de bandas ‘underground’
(clandestinas) como “El retorno de Exxon
Valdez” y “Tanque”, que iniciaron auto gestionando sus conciertos y de la misma
manera lograron sacar a la venta sus primeros discos, en 1999 y en el 2000
respectivamente, luego de haber transcurrido mucho tiempo desde su grabación,
esto debido a la dificultad para costear sus proyectos. Estas bandas son
pioneras, e incluso empezaron plasmando ideas nuevas en sus letras que
posteriormente caracterizarían a la música independiente en el país, críticas
contra el gobierno, la corrupción en las entidades del estado, medios de
información, la religión, vivencias cotidianas, etc.. Esto llamaba la atención
de los jóvenes principalmente, que con el tiempo iban apoyando cada vez más
estas nuevas ideas que combinaban la música y lo que se estaba viviendo en la época.
Es obvio que anteriormente también hubo algunos cantantes con pensamientos
similares, aunque fueron pocos, como Jaime Guevara, Ataulfo Tobar y Hugo
Hidrovo que en los ‘70s cantaban música protesta e inclusive muchas de sus canciones
han trascendido entre generaciones.
No
obstante, seguían apareciendo otras agrupaciones a pesar de la falta de
facilidades para darse a conocer al público, y aún más, un par de años después
se organizó el primer Quitofest.
El
primer QuitoFest se realizó en diciembre de 2003, gracias a la iniciativa de
músicos y gente involucrada con el arte independiente. A pesar de todas las
limitaciones de presupuesto y producción, significó un paso muy importante para
posicionar al país como un epicentro del movimiento musical del continente. En
el 2004, el festival presentó por primera vez actos internacionales, en el 2005
se mudó al Parque Itchimbía y en el 2007 se convirtió en un festival de 3 días.
En el 2003 asistieron 3.000 personas, llegando a 80.000 asistentes en tres días
de festival del 2008. Después de nueve años, Ecuador cuenta con un Festival
Internacional de Música Independiente en un constante proceso de crecimiento y
reconocimiento a nivel continental. (QuitoFest, 2011).
De esta manera se empezó a abrir
espacio a las bandas y a sus propuestas, pero también a otros festivales que aparecieron
posteriormente, entre los más reconocidos están el Festivalfff, Quitu Raymi,
Zip Festival y Rock In Bahía.
Sin
embargo, no solo los músicos se iban dando a conocer, sino también nuevos
estilos y géneros que en nuestro país eran poco conocidos, como el ska, punk, reggae, fusión, hardcore, entre algunas variaciones del rock y
del blues.
La
música independiente durante esta década ha llegado a tener un gran
posicionamiento no solo a nivel nacional, sino internacionalmente. El hecho de
traer al país bandas de renombre internacional ha ido fortaleciendo los
festivales, esto gracias a la gran afluencia de gente y el impacto que la
propuesta ha generado. De esta manera se ha ido posicionando al QuitoFest entre los mejores festivales de Latinoamérica,
a lado de Rock al Parque (Colombia) o Rock in Río (Brasil) que son grandes
referentes dentro de la música, no solo a nivel latinoamericano sino también
mundial. Una de las partes mas difíciles sin duda, es la de mantener estos
proyectos, si bien ahora se consigue más apoyo por parte de ministerios y otras
entidades del Estado principalmente.
Pero
esto no fue así siempre, antes era muy complicado cubrir los gastos que implicaba
organizar un concierto, pero no únicamente
los grandes, incluso para algunas bandas era muy difícil conseguir tocar en
lugares pequeños, por ejemplo, muchas veces el artista debía pagar por tocar.
Esta problemática que se presentaba impedía mantenerse a muchas agrupaciones en
escena, y partiendo de estos inconvenientes, empezaron a surgir sitios que
apoyaban y promocionaban las bandas, y así se logró que la gente sea la que
pida ver a los artistas y no al revés como venia ocurriendo.
Santiago
Fernández, ex integrante de Colapso, una banda reconocida a nivel nacional,
ratifica este proceso hasta la actualidad. Al ver que muchas puertas se les
cerraban, tuvieron que trabajar mucho para mantenerse en actividad, lo cual fue
muy complicado en el trayecto.
“Pues
(la música independiente) empezó, y siguió manteniéndose por su propia cuenta,
haciendo sus giras y concerts de su bolsillo; no tiene gran impacto porque aún
no llega a ser masiva” (Fernández, 2012).
Para
Fernando Vásquez, integrante de Rocola Bacalao, el futuro de la musica independiente
está fundamentada en la autogestión y utilización de espacios y vías
alternativas de difusión como las redes sociales, buscando alejarse de los
sistemas transnacionales que lo único que buscan es beneficio propio más que un
beneficio mutuo. (Vásquez, 2012)
A
raíz de este problema surgieron sitios web como: simonlimon.com,
planarteria.com, radiococoa.com, entre otros. Estos espacios comenzaron a
difundir las propuestas musicales, pero además, también entrevistaban a sus intérpretes.
Esto generó el interés en la gente por escucharlos, prácticamente los resultados
se iban dando, porque las personas obtenían lo que buscaban y los artistas se
daban a conocer y eran retribuidos.
Bandas como Sudakaya (Ambato),
Biorn Borg (Quito), Mamá Vudú (Quito), Tanque (Quito), Cacería de Lagartos
(Quito), Penicilina (Guayaquil), El Retorno de Exxón Valdéz (Quito), una a una
con el tiempo fueron anunciando su disolución luego de haber aportado a la
escena independiente local, e incluso algunas de ellas proyectaron nuestra
música internacionalmente. A pesar de ello, otras bandas continúan dejando
huella y aportando a esta evolución musical en el país: Rocola Bacalao (Quito),
La Piñata (Quito), Los Zuchos del Vado (Cuenca), Ayawaska (Macas), entre otras,
esperan que el artista sea valorado como profesional y que este proceso de
apoyo siga creciendo y no se estanque como sucedió hace un par de años.
Campañas como el uno a uno,
promueven la difusión de música nacional en las radios. Es un proceso largo y
de arduo trabajo, que a la final nos permitiría tener variedad de artistas y géneros
sonando en nuestras emisoras, y además concientizaría a la gente que la música
nacional no significa únicamente tecno cumbia o música andina, sino que sí
existe un camino claro y concreto, en un tiempo nuestra música será valorada y
respetada mucho más, así los artistas podrán empezar a verla como una verdadera
profesión, y los demás podrán escuchar música de calidad; dentro de un tiempo
no habrán contados festivales, sino muchos más alrededor del país y podrán
llegar a ser un ejemplo a seguir en toda la región.
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