Fabián Corral B. Jueves 19/09/2013
La democracia es el gobierno del pueblo. En él
radica el poder y él debe autogobernarse. La soberanía es atributo de los
ciudadanos. Esa es la teoría, en lo sustancial.
1.- Imposibilidad de la democracia directa. Pero la
democracia directa es imposible. El asambleísmo permanente y el sistema
plebiscitario son inoperantes, ya que supondría que, en todos los temas y en
forma constante, sea el pueblo quien directamente decida. En las sociedades de
masas, las limitaciones operativas de tal sistema se convierten en dificultades
sustanciales: no es posible tener al pueblo constantemente reunido debatiendo y
votando. Además, el pueblo no sabe o sabe muy poco. Ante semejantes limitaciones,
surgió la idea de la democracia representativa.
2.- Democracia representativa. Democracia
representativa es aquella en la que el pueblo elige a mandatarios o
representantes para que estos, investidos de un poder delegado, indirecto y
condicional, (i) decidan sobre el sistema normativo que regirá la comunidad, es
la tarea del congreso, asamblea o parlamento; y, (ii) para que un delegado de
la ciudadanía gobierne, es la tarea del presidente en un régimen presidencial.
3.- Límites y problemas de la democracia
representativa. La representación política tiene problemas y limitaciones
sustanciales: se reduce a un encargo nominal, formal y ciertamente teórico,
porque los representantes se eligen en función de la imagen personal y de un
discurso puramente electoral. No hay propuestas concretas sobre las que se
vote, o ellas cambian una vez elegido el poder delegado, o lo que es más
frecuente, el 'criterio' en función del cual se elige consiste en una tesis
abierta, en emotividad difusa, en una ilusión tan subjetiva, que en ella cabe
todo lo que el mandatario electo quiera interpretar.
Un problema complejo del sistema de representación
es la "lealtad de los elegidos" frente al criterio de la mayoría de
los electores, lealtad que es posible solo cuando el mandatario o legislador
electo fue extraordinariamente preciso en su propuesta, lo cual es raro en una
democracia dominada por los sondeos, que indican lo que se debe decir o hacer
para ganar, no para gobernar después. Además, esa lealtad es imposible si las
elecciones tienen sustento únicamente en percepciones difusas de la población.
Pero, en uno y otro caso, la falta de concreción o la emotividad de los
populismos permite que el margen de interpretación de los mandatarios o
legisladores respecto del sentido y del contenido de la voluntad popular, sea
tan amplio que el mandato que reciben sea vacío o puramente emotivo.
La vaciedad y la emotividad en el origen de un
mandato nos enfrenta a otro hecho complejo: ¿hasta dónde opera la legitimidad
del mandato político vacío o puramente afectivo, frente a los asuntos concretos
de gobierno o legislatura? ¿Admite tal legitimidad que el mandatario, desde el
poder, y ya sin ataduras frente al pueblo, sea quien "descodifique" o
interprete a su arbitrio lo que él considera como el encargo político? En esa
descodificación entrará mucha subjetividad del mandatario, mucho sondeo, porque
es evidente que la gente vota por imágenes, retórica y propaganda. Vota por
palabras y promesas y por la sistemática inducción de la propaganda.
Tanto los límites de la representación política y
de la interpretación de los contenidos de la voluntad del pueblo, son asuntos
esenciales de la democracia. Se trata de responder a la siguiente pregunta: ¿es
legítimo que el gobierno o sus legisladores interpreten en forma discrecional
el mandato laxo o vacío que recibieron, y que lo hagan, en función de los
intereses del poder ya constituido, o en beneficio de una ideología por la cual
la gente, en realidad, no votó?
4.- La hipotética democracia participativa. El
lenguaje político que se emplea en nuestros día abunda en aquello de la
"democracia participativa", entendida como el sistema en el cual el
pueblo estaría participando directamente en la toma de decisiones políticas. De
algún modo, el "asambleísmo", o la "democracia
plebiscitaria" están en la línea de esa presunta democracia participativa.
Pero, vistas las cosas desde la realidad, se concluye que la 'participación'
desemboca inevitablemente en un sistema de 'representación'. La participación
no elimina la delegación del ejercicio del poder. El más acentuado asambleísmo
o las prácticas plebiscitaria no eliminan, en modo alguno, el mandato político
propio de la democracia representativa. Ya sea que la 'participación' consista
en asambleas populares manejadas por caciques e incluyentes, ya en presión
directa y tumultuaria en base de la movilización, ya en la incidencia de los
sondeos, el hecho es que las decisiones finalmente las toman quienes ostentan
el mandato político circunstancial, y quienes "interpretan" el
sentido de lo que a su juicio sería la voluntad popular.
5.- El concepto de democracia real. En las
sociedades de masas, la "democracia real" es un sistema en que: (i)
el poder originario está en la mayoría de los electores, no en todo el pueblo;
(ii) el poder 'constituido' proviene de una mayoría de votantes que suplanta y
sustituye al originario, y se ejerce, paradójicamente, por una minoría de
personas: los diputados o asambleístas, (iii) quienes conforman la "mayoría"
parlamentaria, se dedican a interpretar, según la ideología o proyecto del
grupo parlamentario dominante, lo que exclusivamente ellos entienden por
voluntad popular; y (iv) la interpretación subjetiva se traduce en actos de
poder, en sistemas normativos o en medidas administrativas; (v) las libertades
y los derechos quedan sujetos a lo que digan e interpreten las mayorías
parlamentarias, más allá de lo que cada ciudadano crea.
6.- La democracia, ¿oligarquía por representación?
La democracia real es algo bastante más modesto que aquello del gobierno del
pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es el gobierno de una minoría
dominante, delegada por una mayoría circunstancial, minoría que ejerce el poder
según sus propias visiones, conceptos o intereses. La pregunta final es ¿en qué
difiere de la oligarquía la democracia representativa, si en la sociedad de
masas lo que existe como agente del poder es una "oligarquía por
representación", que se atribuye la potestad de interpretar las ideas,
esperanzas y sentimientos de la población? Por muy igualitario que sea el
discurso político, la verdad es que las oligarquías son inevitables. "La
política, por más democrática que sea acabará siempre en manos de un grupo de
personas: los clubes, los diputados, los ministros. No se puede evitar. La
oligarquía es inevitable". José Antonio Marina, "Los sueños de larazón".
Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO
en la siguiente dirección: http://elcomercio.com/fabian_corral/Democracia-oligarquia-representacion_0_995900482.html.
COMENTARIO
En el artículo "Democracia ¿oligarquía por representación?,
se puede observar un criterio con bastante sustento, puesto que la oligarquía históricamente
es una forma de gobierno en el cual el poder radica en un determinado grupo de
personas que posee poder e influencia política, y con ello controlan; manipulan
y, persuaden a las personas.
Cosa no distante de la actualidad mundial,
nos hemos acostumbrado tanto a los representantes políticos que ya no nos
acordamos ni si quiera de que la democracia es nuestra.
Pues la gran mayoría de delegados por elección popular no se deben
al pueblo como tal; o como prometían y pretendían hacerlo. Siempre habrán
intereses de por medio los mismos que beneficiaran a un solo conjunto de
ciudadanos Ciertamente la palabra democracia dicha como tal no es la que
estamos viviendo, porque el poder no está en nuestras manos, y representativa
mucho menos ya que los intereses de los representantes van más allá de los del
pueblo.
Si se puede decir que hay representantes que hacen
lo correcto y no van más allá de sus ambiciones, esos que en verdad buscan el
bienestar del pueblo pero lamentablemente no es suficiente, ya que para
que funcione una democracia representativa es necesario que todos trabajen con
y por los mismos objetivos, y eso sería casi imposible.
Por ende ¿de qué servirá que
pocos hombres y mujeres en busca de un bienestar colectivo fluya; prospere: y,
sea un hecho si por otro lado encontramos hombres y mujeres contaminados;
cegados; y, manejados por lo que más les conviene, olvidando el rol por el cual
fueron elegidos de una manera democráticamente?
Estoy de acuerdo con la referencia que hace el autor de artículo
citando a Jose Antonio Marina, sobre la oligarquía, puesto que es inevitable y
será difícil desarraigarla de la política, y más aún con los
"líderes" que nos representan.
- Andrea Daniela González